Hay nombres que no necesitan carta de presentación: negroni, Martini, old fashioned, daiquiri… Basta con escucharlos para saber de qué estamos hablando. Pero lo curioso no es que existan, sino que sigan ahí, presentes en las barras del mundo y en la memoria colectiva, décadas después de haber sido creados.
¿Qué tienen en común estos tragos? ¿Por qué algunos cócteles desaparecen y otros se convierten en clásicos? La respuesta está, en parte, en su historia. No como una lista de fechas y anécdotas, sino como una evolución del gusto, de los rituales sociales y de la figura del bartender como creador. Entender esa historia no es mirar atrás: es comprender lo que bebemos hoy y por qué nos sigue gustando.
De los orígenes al repertorio básico
La coctelería, tal y como la conocemos hoy, empezó a tomar forma en el siglo XIX, cuando el arte de mezclar bebidas alcohólicas dejó de ser una cuestión doméstica o medicinal y empezó a profesionalizarse detrás de una barra. No fue un proceso inmediato, pero sí progresivo: en pocos años se pasó del ponche servido en jarras a cócteles individuales preparados al momento, con medidas exactas, hielo, técnica y presentación cuidada.
Una figura clave en ese cambio fue Jerry Thomas, considerado el primer bartender profesional documentado y autor del primer libro de recetas de cócteles: How to Mix Drinks (1862). Thomas no solo recopiló fórmulas, sino que también sofisticó la figura del bartender, además de añadir espectáculo, método y estilo. Su influencia ha llegado hasta hoy gracias, entre otros, al trabajo de historiadores como David Wondrich, autor de Imbibe!, una obra que recupera el contexto cultural y social en el que estos primeros cócteles se convirtieron en un fenómeno.
Gracias a esa época pionera se consolidaron muchas de las bases que siguen vigentes: el equilibrio entre ingredientes, la medición precisa, la atención al servicio y la importancia del hielo como parte de la receta. Así se fue formando un repertorio de cócteles que con el tiempo pasarían a considerarse clásicos. Algunos han cambiado de nombre o se han adaptado a nuevos gustos, pero el esqueleto —esa estructura técnica y sensorial— sigue siendo reconocible.
Un legado con nombre propio: cócteles que hicieron historia
La historia de la coctelería clásica no se entiende sin sus protagonistas: esos cócteles que, por su equilibrio, su origen o su impacto cultural, se han convertido en referentes. Algunos nacieron en hoteles con historia; otros, en bares anónimos que acabaron marcando estilo. Todos tienen algo en común: sobrevivieron al tiempo, las modas y las fronteras.

Cócteles clásicos como el negroni o el old fashioned siguen presentes en barras de todo el mundo, décadas después de su creación.
Old fashioned
La historia del old fashioned lo sitúa como uno de los primeros cócteles reconocibles como tal. Su receta es simple —whisky, azúcar, bitter y un toque de agua—, pero la estructura que plantea es la base sobre la que se construyó buena parte de la coctelería posterior. El nombre hace referencia a una forma “a la antigua”, cuando mezclar solo tres ingredientes era sinónimo de equilibrio y sobriedad. A día de hoy sigue siendo uno de los tragos más pedidos por quienes valoran lo esencial.
Daiquiri (y Hemingway)
La historia del daiquiri clásico nos lleva a Cuba, donde nació como mezcla de ron blanco, lima y azúcar. Su versión más conocida —y también la más literaria— es la que pedía Hemingway en El Floridita de La Habana, sin azúcar y con doble ración de ron. El escritor ayudó a extender la fama del cóctel, que con el tiempo se diversificó en versiones frozen o afrutadas, pero sin perder del todo su esencia refrescante.
Negroni
La historia del negroni comienza en Florencia en los años 20, el Negroni surge cuando el conde Camillo Negroni pide reforzar su Americano con ginebra. El resultado es un cóctel intenso, amargo y elegante, que hoy tiene club propio y múltiples adaptaciones. Su estructura en partes iguales (vermut rojo, Campari y ginebra) lo hace fácil de recordar, pero difícil de imitar sin que pierda fuerza.
Dry martini
La historia del dry martini lo sitúa como uno de los cócteles más icónicos del siglo XX. Su origen es discutido —Nueva York, Londres, San Francisco—, pero su impacto es innegable. La combinación de ginebra y vermut seco ha sido reinterpretada hasta el extremo, y su estética ha marcado un estilo. Ha sido símbolo de elegancia, sobriedad y precisión, con admiradores como Churchill o James Bond.
Bloody Mary
Un cóctel que no se parece a ningún otro. A base de vodka, zumo de tomate y especias, el bloody Mary ha sido asociado al brunch y a rituales post-fiesta. Su historia es confusa, con posibles orígenes en París y menciones a Hemingway como uno de sus primeros fans. Su mayor mérito: seguir siendo único, reconocible y funcional un siglo después.
Gin tonic
La historia del gin tonic es tan larga como versátil. Aunque su origen está en el uso medicinal de la quinina durante la época colonial británica, el gin tonic se ha transformado en uno de los cócteles más populares y versátiles. Su evolución en las últimas décadas, especialmente en Europa, ha hecho que hoy existan múltiples variantes con botánicos, tónicas premium y presentaciones creativas. Sencillo en apariencia, pero lleno de posibilidades.
Pisco sour
La historia del pisco sour está marcada por la disputa entre Perú y Chile por su autoría, pero lo cierto es que el Pisco Sour ha traspasado fronteras. Su equilibrio entre lo ácido (lima), lo dulce (azúcar), lo alcohólico (pisco) y la textura espumosa del huevo lo hacen ideal como aperitivo. Es un cóctel que representa identidad, cultura y técnica, y que se adapta bien al paladar internacional.
Piña colada
Más reciente y con origen claramente caribeño, la piña colada mezcla ron, piña y coco en una fórmula que evoca vacaciones, calor y descanso. Se le atribuye a bartenders de hoteles de Puerto Rico en los años 50 y 60, y su éxito se ha mantenido gracias a su perfil dulce y cremoso. En bares más exigentes, ha vuelto a la carta con fruta natural y un enfoque más refinado.
Espresso martini
La historia del espresso martini arranca en los años 80 con Dick Bradsell en Londres, el espresso martini ha pasado de cóctel moderno a nuevo clásico. Su mezcla de vodka, licor de café y café espresso lo hace ideal como trago digestivo o para cerrar la noche. Es energético, goloso y con una estética marcada, ideal para quienes buscan un final con carácter.
De la barra al imaginario colectivo: por qué siguen presentes
No hay una fórmula mágica para que un cóctel se convierta en clásico, pero sí hay ciertos factores que ayudan: equilibrio, estructura, sencillez relativa, y la capacidad de funcionar en contextos distintos. Los cócteles que han llegado hasta hoy no lo han hecho solo por su sabor, sino por su versatilidad y su adaptación al momento.

La mayoría de estos tragos cumplen una función clara: abrir el apetito, refrescar, relajar después de una comida o acompañar una conversación sin robar protagonismo. Algunos se han sofisticado; otros se sirven casi igual que hace un siglo. Pero todos tienen algo reconocible que resiste el paso del tiempo.
También influyen elementos culturales. El cine, la literatura o la música han contribuido a reforzar ciertos cócteles como símbolos de una época o un estilo de vida. El Martini asociado a Bond, el Negroni como emblema europeo, el bloody Mary como clásico del brunch… forman parte de un imaginario colectivo que los hace familiares incluso para quienes no los han probado nunca.
Como apuntaba Raimondo Palomba en su entrevista, no existen cócteles mejores o peores, sino más adecuados según la persona, el lugar y la hora del día. Y esa flexibilidad es, quizá, la clave de su permanencia. Los clásicos se adaptan: pueden variar en grado alcohólico, presentación o ingredientes, pero conservan su carácter. Por eso siguen ahí. No como reliquias, sino como fórmulas abiertas que permiten reinterpretaciones sin perder la esencia.
Reinterpretación de clásicos: el enfoque de Lopesan
Los cócteles clásicos no necesitan reinventarse a la fuerza, pero sí pueden adaptarse al lugar en el que se sirven. En los hoteles de Lopesan Hotel Group, esa adaptación no se entiende como una moda pasajera, sino como una manera de hacer bien las cosas: aprovechar el producto local, respetar la receta original y pensar en el tipo de cliente que se sienta al otro lado de la barra.
Frutas tropicales como el maracuyá, la papaya o el plátano —cultivadas en la finca de Veneguera— aportan sabor, textura y frescura a reinterpretaciones bien planteadas de cócteles clásicos. Un daiquiri con piña natural recién exprimida no necesita más creatividad que esa. Un mojito preparado con hierbabuena recogida esa misma mañana gana en frescura, en aroma y en identidad.
La clave está en el equilibrio: mantener la estructura clásica del cóctel, pero ajustarla a un entorno concreto. No se trata de añadir ingredientes exóticos porque sí, sino de dar protagonismo a lo que ya está cerca, integrarlo con sentido y cuidar el resultado final.
Este enfoque también permite conectar con el cliente de forma más directa. Alguien que pide un trago conocido encuentra algo familiar, pero también distinto. Y esa diferencia —cuando está bien hecha— es la que convierte un cóctel clásico en una experiencia memorable.
La coctelería clásica es mucho más que recetas: es historia, cultura y experiencia. Desde el old fashioned primordial hasta la vibrante piña colada o el moderno espresso martini, estos cócteles han llegado hasta hoy porque ofrecen estructura, sabor y significado.
En Lopesan Hotel Group esa tradición se cuida y se reinventa sin perder su esencia. En Gran Canaria, por ejemplo, el Suru Cocktail Bar (Hotel Faro), el Bar Central (Costa Meloneras Resort & Spa) y el Nereo Cocktail Bar (Hotel Corallium Dunamar) destacan por reinterpretar clásicos —como el Old Fashioned o el daiquiri— con frutas locales, rones de autor y técnicas depuradas
También en espacios como el Baobab Resort, los bares Samuel Baker y Richard Burton ofrecen ambientes cuidados para disfrutar un gin tonic o un clásico refrescante tras una jornada de sol y playa. Y en Playa del Inglés, el Abora Continental mantiene una propuesta informal pero cuidada, con una carta de cócteles que sirve durante todo el día.
Así, la experiencia no termina en la historia: cada trago, cada barra, continúa esa memoria con producto local, técnica y entorno. Si valoras los clásicos de verdad —en su forma y en su espíritu—, en Lopesan Hotel Group tienes más de un motivo para brindar.